Saltar al contenido
EN
El paso a paso

Proceso

Hechos por la tierra, hechos por nosotros

Cada botella de D&S · 43°Sur empieza mucho antes del alambique: empieza en el campo, en Gaiman, con las manos de nuestra familia y las de quienes trabajan con nosotros. Este es el camino que recorre la fruta antes de convertirse en destilado.

01 · Viverismo

Todo nace antes de plantarse

Antes de la poda, antes de la cosecha, incluso antes de la plantación, está el vivero. Ahí reproducimos nuestros propios ejemplares para después llevarlos a los campos de plantación y seguir expandiendo nuestra producción. Es una economía circular en su forma más simple: cada nueva planta sale de las que ya tenemos, sin depender de nadie de afuera, cuidando el mismo material genético que conocemos y en el que confiamos desde hace años.

02 · Preparación de los campos y plantación

Un lugar pensado para cada planta

Antes de que cada ejemplar salga del vivero, el campo tiene que estar listo para recibirlo: acondicionamos el suelo, trazamos las líneas de riego y elegimos con cuidado dónde va cada planta, pensando en el espacio, la luz y el viento que la va a acompañar todo su ciclo productivo. El cerezo es una especie de larga vida: recién a partir del cuarto año de plantado empieza a ser productivo, por eso durante esos años nos dedicamos a conducir la planta para que llegue al tiempo de cosecha en óptimas condiciones.

03 · La poda

Todo empieza en invierno

Apenas cerramos una cosecha, arranca la siguiente. Durante el invierno patagónico podamos, uno por uno, cada árbol. Es un trabajo manual, lento y de mucho oficio: cada corte decide cómo va a crecer la planta y qué calidad de fruta vamos a tener el año que viene. No hay atajos posibles; la poda se hace a mano, planta por planta, como se viene haciendo desde el año 2000.

04 · El campo se prepara

Antes de que llegue la primavera

Mientras la poda avanza, también se prepara el terreno: se revisa cada metro del sistema de riego, se trabaja el suelo y se controla la sanidad de las plantas. Es un tiempo silencioso, sin cosecha a la vista, pero es acá donde se juega buena parte de la temporada. Todo lo que después va a ser fruta empieza a definirse en estos meses de campo.

05 · Control de heladas

Noches de cuidado

En primavera, cuando la fruta recién está formándose, llega el momento más frágil del año: una helada tardía puede perder en una sola noche lo que se trabajó toda la temporada. Por eso, en las noches de riesgo cuidamos el campo hasta la madrugada, atentos a la temperatura, listos para actuar apenas hace falta. Es un desvelo que se repite varias veces cada primavera, y que hacemos con la misma dedicación con la que después cosechamos: no hay fruta buena si no se cuida a tiempo.

06 · La cosecha

Manos que eligen, una por una

Entre noviembre y diciembre, las chacras se llenan de gente y de movimiento. Se cosecha manualmente fruto por fruto, eligiendo cada cereza en su punto justo de madurez. Este es un trabajo que se hace temporada tras temporada con la gente que vuelve a acompañarnos. Hay oficio, hay paciencia y también hay afecto en cada cajón que se llena: detrás de cada fruta que después destilamos, hay una historia de trabajo compartido.

07 · Fermentación

El mosto toma forma

Una parte de nuestra cosecha inicia un camino distinto al de la venta en fresco: el de la fermentación. Cerezas, peras y ciruelas se fermentan lentamente hasta transformarse en mosto, guardando en cada etapa el carácter de la fruta patagónica y de la temporada en que fue cosechada.

08 · Destilación

Corte a corte

Del mosto llega el momento de la destilación: un proceso artesanal, atento y de precisión, donde separamos los aromas y sabores que buscamos conservar en cada botella. Es la etapa más silenciosa de todas, y también la más definitoria: acá el trabajo de todo un año en el campo se convierte en las botellas que llevan el nombre de nuestra familia.

09 · Compostaje

Lo que sobra vuelve a la tierra

El ciclo no termina en la botella: creamos nuestro propio compost, devolviendo a la tierra el alimento que después se convierte en nueva fruta. Así cerramos el círculo entre el vivero, la chacra y el alambique, cuidando el suelo y todo el ecosistema que nos rodea con el mismo criterio de sustentabilidad con el que trabajamos desde el primer día.